libro impreso

Entre la tinta y el algoritmo: pensar la edición en la era digital

Dra. Marta Magadán-Díaz 
Profesora Titular de Universidad 
Universidad Internacional de La Rioja 

https://orcid.org/0000-0003-3178-3215 


Scolari, Carlos A.; Pozos Villanueva, Aída; Morales Gamboa, Rafael [et al.]. El mundo digital en la industria editorial [en línea]. Introd., Marina Cuéllar Martínez. Xalapa, México: Universidad Veracruzana, 2025. 122 p. (Trazos editoriales). Disponible en línea en: https://simehbucket.s3.amazonaws.com/miscfiles/9786072621930-el-mundo-digital_ld4qoto8.pdf. ISBN 978-607-2621-93-0. 


La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en la industria editorial no puede entenderse únicamente como un avance tecnológico; constituye, ante todo, un fenómeno cultural, económico y simbólico de gran alcance. El mundo digital en la industria editorial (Universidad Veracruzana, 2025) es una obra colectiva que examina, desde múltiples perspectivas, las transformaciones que la IA ha introducido en el sector editorial contemporáneo. A diferencia de otros volúmenes centrados casi exclusivamente en los desarrollos técnicos, este libro se distingue por articular un análisis que integra historia de los medios, cultura digital, educación, prácticas profesionales y reflexión ética. Esta pluralidad constituye su principal fortaleza, aunque también genera tensiones internas que invitan a una lectura crítica y contextualizada. 

Desde sus primeras páginas, el volumen se presenta como una reflexión coral sobre un sector en plena mutación. Reúne a investigadores, editores, diseñadores, especialistas en inteligencia artificial y diversos actores de la cadena del libro con el propósito de analizar cómo las tecnologías digitales –y, de manera particular, la IA– están reconfigurando las prácticas de creación, edición, distribución y lectura en el siglo XXI. Bajo este objetivo común, el libro despliega un mosaico de aproximaciones que transita entre lo técnico y lo humanístico, lo conceptual y lo práctico, ofreciendo un panorama amplio y pertinente tanto para profesionales del sector como para académicos y lectores interesados en la cultura digital contemporánea. 

La obra se abre con una extensa entrevista a Carlos A. Scolari, que proporciona un sólido marco conceptual desde la perspectiva de la ecología de los medios. Scolari invita a comprender la inteligencia artificial no como una ruptura radical, sino como una fase más en la coevolución entre humanidad y tecnología. Señala con claridad que «cuando aparecen nuevas tecnologías […] reaparecen viejos miedos», recordando que toda innovación suscita expectativas, incertidumbres y temores sociales. Esta reflexión resulta especialmente relevante para contrarrestar los discursos alarmistas que suelen acompañar la irrupción de la IA. Al mismo tiempo, Scolari advierte que el contexto actual presenta rasgos inéditos: la velocidad de adopción y la masificación de las herramientas generan tensiones nuevas que exigen una atención ética y crítica renovada. Su lectura histórica de los cambios tecnológicos permite situar la IA dentro de un proceso de transformación cultural más amplio que desborda el ámbito estrictamente técnico. Del mismo modo que la imprenta reorganizó la producción textual, las herramientas automatizadas contemporáneas están reconfigurando las prácticas de lectura, escritura y circulación de contenidos, estableciendo una tensión productiva entre continuidad histórica y aceleración contemporánea. La entrevista funciona, así, como una entrada especialmente sólida al conjunto del volumen. 

El capítulo de Rafael Morales Gamboa constituye el núcleo técnico-analítico de la obra. El autor explica con precisión que lo que hoy se denomina IA generativa es una rama de la inteligencia artificial capaz de producir textos, imágenes o sonidos a partir del análisis estadístico de grandes corpus de datos. Resulta particularmente acertada la distinción que establece entre la lectura humana –situada, hermenéutica y experiencial– y la lectura que realizan los modelos de lenguaje, basada en patrones de coocurrencia. Este contraste es fundamental para desmontar la idea, ampliamente difundida, de que los sistemas de IA comprenden el lenguaje de manera análoga a los seres humanos. Morales Gamboa profundiza en los mecanismos mediante los cuales los modelos de lenguaje procesan grandes volúmenes de texto para generar patrones lingüísticos que, solo de forma parcial, reproducen procesos cognitivos humanos. Los ejemplos que ofrece –desde la interpretación de una cita literaria hasta la recomendación de lecturas mediante ChatGPT– ilustran tanto la versatilidad como los riesgos de estas herramientas: pueden acompañar la lectura y la escritura, pero también reproducir sesgos y fomentar burbujas culturales. El capítulo combina rigor técnico y claridad expositiva, convirtiéndose en uno de los textos más equilibrados del volumen. No obstante, el análisis habría podido ampliarse incorporando una reflexión más profunda sobre las implicaciones epistemológicas de concebir la estadística como forma de producción de sentido, un debate central en los estudios contemporáneos sobre machine reading. Esta ampliación habría permitido situar la IA generativa no solo como herramienta operativa, sino como un actor que redefine las condiciones de producción, interpretación y circulación del conocimiento en el ámbito editorial. 

Guillermo de Jesús Hoyos Rivera ofrece una mirada crítica frente a la creciente fascinación social por la inteligencia artificial. Señala que esta admiración se acompaña de un proceso de romantización mediante el cual se atribuyen a los modelos capacidades cognitivas que en realidad no poseen. Si bien reconoce los avances tecnológicos, subraya que muchas expectativas se construyen más a partir del entusiasmo mediático que de la realidad técnica. Su reflexión introduce un necesario contrapunto en un volumen que, en ocasiones, privilegia las oportunidades frente a los riesgos, recordando que la tecnología suele avanzar en ciclos de exageración y posterior desencanto. Hoyos Rivera enfatiza, además, la dificultad estructural de las máquinas para comprender la complejidad del lenguaje humano, una construcción simbólica profundamente anclada en la cultura y la experiencia. Aunque su diagnóstico resulta lúcido, el capítulo habría ganado densidad mediante un diálogo más explícito con debates internacionales sobre sesgos algorítmicos, economía política de los datos y concentración corporativa, cuestiones ampliamente abordadas en la bibliografía reciente pero escasamente presentes en el volumen. 

La integración de la inteligencia artificial en el ámbito educativo constituye otro de los ejes centrales del libro, abordado por Alberto Ramírez Martinell. El autor subraya que la alfabetización digital no se limita a la adquisición de competencias técnicas, sino que implica también una comprensión ética, legal y cultural de las tecnologías. Ramírez Martinell insiste en la necesidad de formar estudiantes críticos frente a la IA, capaces de evaluar sus usos e implicaciones dentro del entorno educativo. Advierte, además, que la falta de alfabetización digital no solo refleja carencias técnicas, sino también un desconocimiento de los marcos normativos y éticos que regulan estas herramientas. Aunque el capítulo podría haber profundizado en la dimensión estructural de las desigualdades tecnológicas en contextos latinoamericanos, su aportación resulta especialmente valiosa al defender una educación que equilibre la incorporación de tecnologías con la formación crítica y reflexiva. 

Carlos Rojas Urrutia examina el futuro del libro en un contexto marcado por la digitalización y la irrupción de la IA, evitando caer en discursos apocalípticos sobre la desaparición del impreso. Su análisis se centra en las transformaciones de la circulación, el acceso y la mediación de los contenidos, sin perder de vista el valor cultural e histórico del libro como objeto y como experiencia lectora. Rojas Urrutia sostiene que la digitalización no sustituye la práctica editorial tradicional, sino que abre nuevas posibilidades de complementariedad y expansión. Su capítulo contribuye a equilibrar el tono general de la obra, ofreciendo una perspectiva de optimismo crítico atenta a las tensiones entre tradición y transformación tecnológica. 

Especialmente estimulante resulta el capítulo de Rodrigo Martínez Martínez, dedicado a la intersección entre diseño editorial e inteligencia artificial. El autor reconoce que estas tecnologías amplían los límites creativos del diseño, al ofrecer herramientas inéditas para la edición y la producción gráfica. Sin embargo, advierte del riesgo de homogeneización estética derivado del entrenamiento de los modelos sobre estilos visuales dominantes. Esta reflexión plantea una cuestión crucial: ¿qué sucede con la diversidad visual y la experimentación gráfica cuando los sistemas replican patrones hegemónicos? Aunque el capítulo introduce un debate de gran relevancia, este habría merecido un desarrollo más extenso dentro del conjunto del volumen. 

Luis Castro Hernández aporta una perspectiva poco habitual al analizar el impacto de la IA en las librerías independientes. Su argumento central es que los algoritmos pueden convertirse en aliados estratégicos para la supervivencia y autonomía de estos espacios, siempre que se utilicen como herramientas de apoyo a la curaduría y no como sustitutos de la mediación humana. Este enfoque introduce un matiz socioeconómico relevante, al considerar cómo la tecnología puede fortalecer la selección y difusión de contenidos sin desplazar el trabajo crítico de los profesionales del libro. No obstante, el tono optimista del capítulo habría ganado profundidad mediante una reflexión más crítica sobre la precarización laboral y los efectos de la automatización en la cadena editorial. 

El volumen se cierra con el capítulo de María Fernanda Mendoza Ochoa, dedicado a los desafíos jurídicos que plantea la inteligencia artificial en relación con el derecho de autor. Su análisis pone de relieve cómo estas tecnologías tensionan nociones fundamentales como autoría, originalidad e intención creativa, y subraya que la regulación no puede limitarse a respuestas inmediatas o simplificadoras. Mendoza Ochoa advierte del riesgo de legislaciones apresuradas que produzcan marcos ambiguos y fragmentarios. Aunque su contribución resulta adecuada como cierre del libro, habría sido deseable incorporar una comparación sistemática con marcos legales de otros países, teniendo en cuenta el carácter transnacional de la industria editorial. 

Desde una perspectiva crítica, la diversidad de voces y enfoques que caracteriza El mundo digital en la industria editorial, si bien enriquecedora, genera una cierta desigualdad en la profundidad analítica de los capítulos. Algunos textos ofrecen desarrollos conceptuales y técnicos sólidos, mientras que otros se apoyan más en la reflexión personal o testimonial. Esta heterogeneidad, sin embargo, no debilita necesariamente la obra, sino que refleja la complejidad real del sector editorial y permite múltiples puntos de entrada para lectores con perfiles diversos. 

En términos académicos, el volumen establece un diálogo fértil entre teoría de la comunicación, estudios editoriales, alfabetización digital y ética tecnológica. La noción de ecosistema mediático, junto con las metáforas ecoevolutivas propuestas por Scolari, ofrece un marco conceptual adecuado para comprender la complejidad de la transición digital. La explicación técnica de los modelos de lenguaje, la discusión sobre la autoría y los dilemas legales configuran un mapa de problemáticas que resultará útil para futuras investigaciones en humanidades digitales y estudios del libro. 

En conjunto, la obra cumple su objetivo principal: abrir un espacio de reflexión informado, equilibrado y pertinente sobre el papel de la inteligencia artificial en el mundo del libro. No aspira a ofrecer soluciones cerradas, sino a formular preguntas necesarias y a proponer líneas de pensamiento. En un contexto en el que la tecnología avanza más rápido que la capacidad institucional para regularla o comprenderla, el volumen actúa como una brújula: no traza un camino único, pero ilumina el terreno que se está recorriendo. 

Su principal aportación radica en mostrar que la IA no es un fenómeno exclusivamente técnico, sino también cultural, económico y simbólico. No obstante, como obra académica, presenta limitaciones evidentes: la ausencia de un hilo conductor más explícito entre capítulos, la escasez de estudios de caso empíricos y la falta de un marco comparativo internacional que permita situar los procesos descritos dentro de dinámicas globales. Esta carencia resulta especialmente significativa si se tiene en cuenta que el sector editorial está profundamente transnacionalizado. Las transformaciones digitales responden a lógicas macroeconómicas y tecnológicas que trascienden los contextos locales. 

Asimismo, el volumen podría haber profundizado en la dimensión epistemológica de la lectura. La distinción entre lectura humana y lectura algorítmica planteada por Morales Gamboa abre un debate que apenas se esboza: ¿qué ontología del texto emerge cuando ambos modos de lectura coexisten? ¿Qué implicaciones tiene esta coexistencia para la autoría, la crítica literaria y la mediación editorial? 

Aunque la obra mantiene un optimismo moderado respecto al futuro del libro, tiende a subestimar la crisis estructural que atraviesa el sector ante la creciente automatización. La IA no solo complementa tareas editoriales, sino que está desplazando funciones tradicionalmente desempeñadas por profesionales humanos. La ausencia de un análisis más explícito sobre la precarización laboral y la reconfiguración del trabajo creativo deja sin explorar uno de los debates más urgentes del campo. 

En definitiva, El mundo digital en la industria editorial es un libro necesario, aunque no suficiente. Abre interrogantes fundamentales, pero no siempre las lleva hasta sus últimas consecuencias. Su valor reside en mostrar la amplitud del problema; su límite, en no confrontar de manera más directa los pilares económicos, políticos y epistemológicos que sostienen la actual «revolución» de la inteligencia artificial en la cadena del libro. 

La ecología mediática que recorre la obra permite comprender la IA como parte de un ecosistema en transformación; sin embargo, apenas se reconoce que este sector ya no está gobernado únicamente por actores tradicionales, sino por infraestructuras corporativas globales cuyo funcionamiento se escapa en gran medida al control de editoriales, académicos y legisladores. Se señalan riesgos, pero rara vez se profundiza en el hecho de que la edición, como forma histórica de organización del conocimiento, está siendo subsumida por lógicas algorítmicas orientadas a la optimización de la atención y la extracción de datos. 

Es en este punto donde el libro se queda corto: la IA no solo reconfigura procesos, sino que desplaza marcos enteros de legitimidad, autoridad y producción cultural. Mientras varios capítulos celebran su potencial creativo, económico o educativo, se evita cuestionar la fragilidad estructural de un sector que depende, quizá por primera vez, de infraestructuras tecnológicas ajenas a su tradición institucional. En este sentido, la obra funciona como un testimonio honesto del desconcierto contemporáneo, pero también como una radiografía parcial de una transformación mucho más profunda. 

Aun con estas limitaciones, el libro merece una lectura atenta. No ofrece respuestas definitivas, pero expone vacíos que la investigación crítica deberá comenzar a llenar. Si el sistema editorial aspira a conservar relevancia cultural y autonomía intelectual en la era de la inteligencia artificial, necesitará algo más que adaptarse a nuevas herramientas: deberá repensarse en su conjunto. Ese debate, todavía pendiente, es el que este volumen invita –aunque de forma todavía tímida– a emprender. 

 

Esta reseña se publica juntamente con el Blog de l’Escola de Llibreria.
© Imagen inicial generada con inteligencia artificial (DALL·E, OpenAI).

Las impresiones personalizadas no son objetos únicos: es la economía

F. Xavier Llopis
Filólogo y editor

Anta, José Manuel; Abril, Luis; Gálvez, Ismael; Mellado, Arantxa. Libro blanco de la distribución POD [en línia]. [Madrid]: Fande (Federación de Asociaciones Nacionales de Distribuidores de Ediciones), 2024. 45 p. <https://www.podiprint.com/wp-content/uploads/2024/10/interactivo_BLANCO_.... [Consulta: 21.4.2025]. 


¿Cuál es vuestra opinión sobre la distribución POD (print on demand, impresión bajo demanda)? Esta es la cuestión que se nos plantea en esta reseña a demanda. 

La época digital (¿debemos llamarla era?) ha trastocado el ámbito del libro como probablemente nada lo había hecho desde Gutenberg. El libro, artefacto u objeto, mantiene la misma estructura sin modificaciones destacables, sea en papel o en formato digital. Ahora bien, todo a su alrededor es distinto. Todo se ha metamorfoseado. ¿Cómo hemos podido introducir tantos cambios y mantener el mismo resultado? Esta aparente paradoja no ha dado lugar, por ahora, a una nueva realidad. ¿O sí? El libro en papel sigue siendo un conjunto de páginas tipográficamente estructuradas e impresas que, añadidas una tras otra, y pliego tras pliego, se religan en unas cubiertas o se adhieren a unas cubiertas que las protegen. Nada que no hiciera Gutenberg (aunque sin tapas). Quizá alguien me dirá ahora: «pero el libro digital es otra cosa: un no-objeto (dentro de un objeto: el aparato electrónico)». Cierto: es una imitación. 

¿Y qué ha cambiado? En primer lugar, una vez tenemos el original (la materia intelectual), el proceso de preimpresión fue el primero en modificarse. Después le llegaría el turno a la impresión. Y desde hace unos años, a la autoedición y a la distribución: primero con la segmentación de los puntos de venta (librerías o grandes superficies comerciales y plataformas digitales) y enseguida con la personalización, es decir, el cliente tiene acceso a una gran cantidad de libros de la biblioteca de Babel borgiana, pagando el precio solicitado más los gastos de envío. 

En este pequeño añadido –los gastos de envío– es donde entra en juego la logística de la distribución. La cadena editor-distribuidor-librero-cliente se mantiene en líneas generales, pero se abre el abanico a otras posibilidades: a) editor-distribuidor-cliente; b) editor-librero-cliente; c) editor-distribuidor-librero-cliente. Tal vez deberíamos plantearnos si la eliminación de uno de los eslabones del proceso es un avance que vale la pena. Y la respuesta es que no. Ahora bien, ¿llegaríamos a un no tan rotundo si ponemos en juego otras cuestiones como la reducción del tiempo que puede tardar un libro en llegar a destinos lejanos, la eliminación del almacenamiento en editoriales y centros de distribución, la supresión de devoluciones a la editorial, el mantenimiento de un catálogo siempre disponible (incluidos libros de fondo), la posibilidad de convertir ese fondo en un ingreso constante para las editoriales, la no destrucción de estocajes, la producción ajustada a la demanda (solo se produce lo que se compra), etcétera

La respuesta a esta última cuestión la ofrece, en parte, el Libro blanco de la distribución POD, un trabajo de análisis riguroso elaborado por José Manuel Anta (Federación de Gremios de Editores de España), Luis Abril (Quares Salesforce), Ismael Gálvez (Podiprint) y Arantxa Mellado (LiberExpress), publicado en 2024. El lector debe saber, sin embargo, que se trata de una iniciativa privada en nombre de las empresas indicadas entre paréntesis tras cada autor, con el apoyo de la Federación de Asociaciones Nacionales de Distribuidores de Ediciones y del Ministerio de Cultura. 

Estructurado en cinco apartados (1. El modelo de distribución POD; 2. La cadena de suministro del libro; 3. La producción de libros en POD: la técnica de impresión digital; 4. El proceso de distribución POD, y 5. Distribución POD e internacionalización), más una introducción, unas conclusiones y un apéndice con casos de éxito, este libro blanco tiene la ventaja de mostrarnos todas las virtudes del sistema POD y el inconveniente de no profundizar en un sistema de distribución que aún no termina de despegar, pese a las ventajas que se describen. 

La pregunta es obvia. Si la técnica pone a disposición del mundo editorial y de la distribución un sistema que, en definitiva, podemos resumir (así lo dicen los autores en la introducción) que solo se producirá aquello que previamente se ha vendido, ¿por qué no termina de despegar? 

En la introducción, a nuestro parecer, es donde mejor se explicitan las ventajas del nuevo sistema, el POD (print on demand o impresión bajo demanda), en el que cualquier libro puede llegar al cliente en un plazo breve, con independencia del lugar donde se encuentre la editorial o el lector. Este primer beneficio, digamos cultural, va acompañado de otras ganancias económicas para editoriales y distribuidoras (eliminación del almacenamiento y del estocaje, destrucción de ejemplares e inversión en tiradas, por un lado; y ampliación del catálogo con libros vivos o reducción de los costes logísticos para las librerías, por otro). Pero la pregunta sigue sobrevolando el ambiente a pesar de las aparentes ventajas. Los autores esbozan, sin profundizar demasiado –para nosotros, el principal inconveniente de este libro blanco–, dos elementos: la falta de una cultura del riesgo y, como consecuencia, el aún elevado coste de la impresión 1x1. Así apuntan en el apartado 4.2 («La puesta a la venta del catálogo POD») que «...producir 1x1 es más caro que imprimir una tirada» (p. 36), pero que aun así, «la diferencia de precio no es más que una fase circunstancial en este modelo de comercialización, ya que se considera que cuando se normalice el POD y las ventas aumenten tanto como se espera, el volumen de producción permitirá un ajuste de costes que repercutirá en el precio de venta del libro» (p. 36). 

Si esta premisa no va errada, solo debemos esperar el tiempo necesario para la normalización del sistema y la expansión del modelo. Tal vez haga falta ser optimista por naturaleza para esperar este beneficio que –no lo olvidemos– tiene un componente básicamente económico, y pensar que en un proceso comercial donde todo son ventajas, haya que esperar para obtener dividendos. 

Las segmentaciones a las que nos ha acostumbrado el ámbito digital no siempre son palimpsésticas, sino más bien complementarias. Aunque en este ámbito hay otras que sí lo han sido. Es el caso de la tipografía de plomo, que dio paso al offset, y esta, al parecer, a la digital. Algunos pensamos que con cada cambio perdemos algo, pero la huella del plomo desapareció con el offset. En el caso de la distribución POD, por ahora, según los autores, la librería seguirá cumpliendo su función de ser el último eslabón antes del destinatario-cliente, ¿pero hasta cuándo? ¿Perderemos ahora al librero conocedor del cliente y del libro... si no lo hemos perdido ya? Y, en definitiva, ¿cómo se recupera una inversión (la del artefacto-máquina que realiza la impresión 1x1) sin dejarla concentrada en pocas manos que imponen modelos culturales? 

Y llegados al final, conviene aventurar una respuesta a la pregunta inicial. La distribución POD aún no ha alcanzado un grado suficiente de madurez (aunque pueda parecer novedoso según se desprende de la lectura del libro, la distribución POD está en marcha desde 2004, con las mejoras que ello ha comportado) para dar una respuesta satisfactoria a todas las ventajas que los autores plantean en el Libro blanco de la distribución POD. El elevado coste por unidad (cuestionado por algunos autores), las limitaciones en calidad y acabados, la externalización del proceso que reduce el control de calidad, y la dificultad para la editorial y el autor en los procesos de marketing configuran un conjunto de obstáculos que debería haberse tenido más en cuenta –y desmontarlos– en este libro, que adopta una mirada muy próxima al impresor –quizá un poco demasiado– y alejada del resto de actores del libro. Para terminar, diremos que la impresión 1x1 y la impresión digital son dos conceptos que no deben confundirse (algo que no hacen los autores, pero que tal vez, por la forma en que está redactado el texto, podría inducir a confusión al lector). 

Y punto final: este modelo convivirá con el modelo tradicional sin sustituirlo. 

 

Esta reseña se publica juntamente con el Blog de l’Escola de Llibreria.

© Imagen inicial generada con inteligencia artificial (DALL·E, OpenAI).

Papel y pantalla: el medio es la lectura

Ana González Tornero
Profesora asociada
Departamento de Filología Hispánica, Teoría de la Literatura y Comunicación
Universitat de Barcelona


Kovač, Miha; Weel, Adriaan van der (eds.) (2020). Lectura en papel vs. lectura en pantalla. Trad., Laura Tibaquira. Bogotá: Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC). 140, [6] p. (Dosier CERLALC. Ecosistema del libro). Disponible a: <https://cerlalc.org/publicaciones/dosier-lectura-en-papel-vs-lectura-en-pantalla/>. [Consulta: 14/02/2021].


El Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) ha publicado la traducción de un dosier muy útil, que difundió previamente la revista First Monday en 2018. Diversos expertos del proyecto Evolution of Reading in the Age of Digitisation (E-READ) reflexionan en esta obra sobre la repercusión de la tecnología en los procesos de alfabetización, sobre la coexistencia de dispositivos digitales con el libro impreso y con la escritura manuscrita, y sobre los efectos de la biblioterapia.

La imparable progresión de la lectura digital

José Antonio Cordón García
Universidad de Salamanca
http://diarium.usal.es/jcordon/


How do we read?: let's count the ways: comparing digital, audio, and print-only readers (2020). Washington, D.C.: National Endowment for the Arts. 62 p. Disponible en: <https://www.arts.gov/sites/default/files/How%20Do%20We%20Read%20report%202020.pdf>. [Consulta: 11/11/2020].


Los informes sobre las prácticas de lectura se vienen prodigando durante los últimos años debido, fundamentalmente, a las transformaciones introducidas por la irrupción de nuevos dispositivos y modelos de acceso a los contenidos. La contraposición con el referente impreso, esto es, con una tradición de siglos, ha ejercido su magnetismo en especialistas de todas las áreas que han vertido sus opiniones sobre la naturaleza y consecuencias del cambio, unas veces fundamentadas, otras meras especulaciones (Cordón García, 2018). Estos análisis se han incrementado cuando han surgido nuevos formatos y formas de acceso digitales, como es el caso de los audiolibros, o bien cuando alguna circunstancia ha alterado el normal funcionamiento de la cadena del libro, como ha ocurrido con la pandemia de la COVID-19, que obligó al cierre de librerías y bibliotecas en todo el mundo, multiplicando exponencialmente el recurso a la lectura digital (Wischenbart, 2020; FGEE, 2020; Cordón, Muñoz, 2020). 

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