Desde el marco de la puerta, el abate Yannick Vella vigila y aprueba con satisfacción la disciplina de sus alumnos. Es el día de la epifanía y el cura ha distribuido al final del catecismo un pedazo del tradicional pastel de reyes a todos los pequeños. Pero estos, antes de alejarse a las puertas de la iglesia y finalmente degustar el manjar que sostienen en sus pequeñas manos, se hincan y persignan frente al altar de la Parroquia de San Eligio en el corazón de Burdeos.
La mirada de “Monsieur l’Abbé Vella”, como le conocen sus feligreses, siempre está al pendiente del más mínimo movimiento de su parroquia. Todos los que le rodean saben que desde el pasado mes de octubre reposa un peso importante sobre las espaldas del nuevo párroco de la iglesia más controvertida del territorio francés.
Y es que desde que Yannick Vella decidió, a la edad de 23 años, integrar las órdenes sacerdotales, se salió del camino “tradicional” uniéndose a la congregación más tradicionalista de todas. Con 29 años se ordenó dentro del marco de la Fraternidad de San Pío X , la sociedad internacional de sacerdotes romanos tradicionalistas fundada en 1970 por el arzobispo francés Marcel Lefebvre. Ahí conoció al sacerdote Philippe Laguérie, quien se convirtió durante años en su líder espiritual pero sobre todo ideológico.
Así llegó Yannick Vella a Burdeos en 2001, siguiendo al Abate Laguérie quien por diferencias con sus superiores en la Fraternidad San Pío X, fue acusado de subversión y tuvo que separarse de su congregación de origen. Decidieron ocupar ilegalmente los muros de una iglesia abandonada, creando así un conflicto importante con la Diócesis de Burdeos. Pero un año más tarde el ayuntamiento de Burdeos decidió regularizar la situación de esos sacerdotes y les concedió un permiso para ocupar la Parroquia de San Eligio, indiferentemente de la opinión de la Diócesis.
Así se organizó en las estrecha calle de San Jaime la parroquia de valores tradicionalistas romanos y el Instituto del Buen Pastor, entidad con la que pensaban promover sus prácticas religiosas. Permanecieron en la excomunión con el Vaticano que no aprobaba la desobediencia con respecto al Concilio Vaticano II. Pero en 2006 el Papa Benedicto XVI acordó al Instituto del Buen Pastor y a su parroquia madre, el estatuto de “sociedad de vida apostólica”.
Esto obligó al cura Philippe Laguérie a partir a Paris en donde llevaría las riendas de su movimiento, dejando las llaves de San Eligio bajo el cuidadoso mando del abate Yannick Vella. Ahora, con la aprobación de Roma la Parroquia de San Eligio pretende convertirse en un ejemplo para todos los demás templos católicos y cada mañana esta es la misión que acompaña a su cura párroco.
La silueta del abate Vella siempre ronda por San Eligio. Con su vestimenta tradicional, una túnica negra y larga hasta los tobillos y un cordón a la altura de la cintura, sólo sobrepasa el cuello blanco que lo distingue claramente como hombre de Dios. El sacerdote solo cambia su larga túnica por la vestimenta tradicional gregoriana a la hora de dar la misa, cosa que le llena de orgullo cuando habla de ello.
“Si quitamos estos hábitos y nos acercamos a lo banal le quitamos el sentido sagrado a las cosas de Dios. No se puede esperar que un sacerdote sea como los demás, debe existir una separación y los hábitos tradicionales nos distinguen de los laicos”. Pero todo va más allá de las diferencias de vestimenta.
Las apariencias son engañosas, a pesar de que los muros de la fachada de San Eligio no dejan entrever ninguna diferencia con otros templos católicos. Sin embargo los ritos que ahí se practican pueden sembrar la duda de más de un feligrés.
Todos los días a las seis, el abate Vella prepara con atención la misa de la tarde. Después de prepararse espiritualmente, empieza el detallado trabajo que precede la misa tridentina. Cada uno de sus gestos se hacen con el mayor cuidado, desde la mano con la que prepara el cáliz, la patena y la ostia, hasta la forma en la que su rodilla toca el suelo cuando se hinca frente al altar. Todo está milimetrado. Calcula hasta los centímetros que separan el corporal del borde del altar. La misa empieza y para el asombro de aquellos acostumbrados a los ritos del Concilio Vaticano Segundo, la misa es en latín… y de espaldas.
Yannick Vella descubrió las ceremonias tradicionales a los 21 años pero en aquel entonces no contaba con que algún día sería él quien los practicaría. Nació en 1968 en un pueblo del sur de Francia, cercano a la ciudad de Marsella. Sus padres eran católicos pero poco practicantes. Sin embargo fue bautizado y ocasionalmente acompañaba a su madre a la misa dominical. Desde sus primeros años de adolescencia manifestaba un interés por las cuestiones religiosas.
“En ese entonces yo buscaba respuestas a todo y encontré que la mayor parte de lo que yo quería entender, eran cuestiones que el dogma cristiano podía explicarme.”
Sin embargo, el primer encuentro con las prácticas tradicionalistas lo tuvo hasta la edad de 21 años, en 1988.
“Los periodistas hablan de este tema por olas, hay años en el que se discute y debate muchísimo sobre la validez de nuestros ritos y hay años en los que dejamos de existir para los medios. El año 1988 fue uno de esos años en los que la Fraternidad de San Pío X estuvo en boca de todos y así empezó a interesarme el rito tradicional gregoriano, leyendo sobre él en los periódicos. Me informé y ocho años más tarde estaba dando mi primera misa en latín.”
El antiguo sacerdote “lefebvrista” asegura que las críticas al rito tradicional no tienen razón de ser. Cuando habla, se nota que no puede dejar pasar la oportunidad para defender su credo, sus prácticas y convicciones religiosas. Para él y sus hermanos de la congregación del Instituto del Buen Pastor, el Concilio Vaticano II quitó a la Iglesia una buena parte de lo sagrado, el verdadero valor de los ritos eclesiásticos.
“Llegamos a acercar la iglesia a lo profano” dice sin dudarlo un solo momento. “La gente tiene miedo del pasado. El concepto “pasado” está relacionados con la intolerancia y la dureza; pero esto es irracional. La tradición es el soporte que nos permite transmitir todo lo que verdaderamente tiene sentido”.
Las críticas nunca paran de llegar a San Eligio y el Padre Vella está aprendiendo a lidiar con ellas; aunque ahora, con el respaldo del Vaticano, todo parece más fácil. Pero es cierto que en la sociedad francesa un grupo tradicionalista, creacionista, que además condena el divorcio y el aborto da mucho de qué hablar.
En todo caso las cosas parecen muy claras en la mente del Abate Yannick Vella. “Siempre estaremos expuestos a la crítica pero no haremos concesiones”. Siempre y cuando el cura pueda defender el legado del pasado en el tiempo presente, seguirá siendo tradicionalmente rebelde.