La primera y más importante organización feminista española que intentó agrupar a todas las mujeres independientemente de la tendencia política donde se encuadrasen fue la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME), fundada en 1918 y presidida por Maria Espinosa de los Monteros.
Aunque entre sus miembros se contaban mujeres de distintas tendencias político-sociales, el ANME tuvo siempre una orientación centrista y moderada, y estuvo formada por mujeres de clase media y alta. Desde su formación en 1918, y hasta 1924, sus reivindicaciones se centraron en la demanda de los derechos civiles de las mujeres. Entre sus objetivos, destacan el derecho de la mujer a ingresar en profesiones liberales, la igualdad salarial, la supresión de la prostitución, la desaparición de la discriminación legislativa, etc... Aunque el derecho de las mujeres a ejercer el voto no estaba incluido explícitamente en su programa, el ANME se mostró favorable al sufragio femenino. De hecho, a partir de 1924, la organización defendió y promovió una importante campaña a favor del sufragio femenino, impulsada por Benita Asas Manterola segunda presidenta de la ANME. De la ANME surgió en 1920 la Juventud Universitaria Feminista (JUF) dirigida por Elisa Soriano Fischer. Su tarea se concentró en conectar con grupos feministas extranjeros a través de la participación en organizaciones feministas de carácter internacional.
La independencia política de la AMNE se vio seriamente cuestionada cuando en el año 1920 se opuso a la celebración en España del Congreso Internacional de Sufragistas que finalmente se celebró en Ginebra y al que asistieron destacadas feministas españolas. Según la presidenta del ANME en 1921, Maria Espinosa, la negación de celebrar el Congreso se debió a la imposibilidad de participar en el mismo con voz y voto debido a que ninguna de las sociedades de la ANME era miembro de la Alianza Sufragista Internacional. Contrariamente, Margarita Nelken afirmó que la negativa se debió a las presiones de grupos de poder españoles (iglesia y derecha) que temerosos de la llegada de las ideas europeas a España se opusieron a la celebración del Congreso en España.
Al mismo tiempo que la ANME, se fundo la Unión de Mujeres Españolas (UME), presidida por la Marquesa de Ter, y situada políticamente a la izquierda de la ANME. Entre sus miembros más destacadas encontramos a Carmen Eva Nelken, Maria O Lejarreta (Maria Martínez Sierra.
Otras organizaciones de la época fueron la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas y La Cruzada de Mujeres Españolas. Ambas tenían con una orientación política similar a la del movimiento sufragista anglosajón, y estuvieron dirigidas por la periodista y pedagoga del partido socialista radical Carmen de Burgos. Aunque inicialmente sus demandas se centraron en mejoras educativas y en el papel maternal de las mujeres, finalmente se convirtieron en una de las principales organizaciones defensoras del sufragio femenino. En este sentido, debemos destacar la importancia de las campañas iniciadas por Carmen de Burgos entorno al sufragio femenino a raíz de sus viajes a distintos países europeos donde tuvo contacto con numerosas sufragistas . Aunque era escéptica ante las posibilidades de la sociedad española de igualarse a los movimientos europeos debido a la influencia del catolicismo, al regresar a España y desde las páginas del periódico El Heraldo de Madrid, planteó un plebiscito entorno al voto de las mujeres que suscitó un amplio debate en la sociedad española. Siguiendo el modelo de actuación de las sufragistas anglosajonas y, especialmente el de las portuguesas, el 21 de mayo de 1921 las miembros de la Cruzada de Mujeres Españolas salieron a la calle por primera vez en España, y se dirigieron al Parlamento con el objetivo de entregar un manifiesto reivindicando el sufragio femenino y la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.
En 1926 se fundó en Madrid el Lyceum Club, impulsado por la pedagoga María de Maetzu. El club, siguiendo el modelo de los clubes europeos, estaba formado únicamente por mujeres de distintas tendencias políticas, generalmente perteneciente a la clase media y alta. Con la voluntad de convertirse en un foro femenino se dedicó esencialmente a tareas de índole cultural.
También desde las corrientes librepensadoras aparecieron discursos entorno a la situación de la mujer en España dando lugar a tres importantes núcleos en Cataluña, Valencia y Andalucía.
En Cataluña se fundó la Sociedad Progresiva Femenina, encabezada por Ángeles López de Ayala, Julia Amaya, Dolores Zea, Amalia Domingo Soler. Esta organización vinculada a la masonería se vio influenciada por el lerrouxismo y se acercó progresivamente a las Damas Rojas. En Valencia se creó la Asociación General Femenina (1897) impulsada por Belén Sárraga Hernández y las hermanas Amalia y Ana Carvia Bernal, que abanderaron el proyecto sufragista en los territorios del sudeste de la Península. A Andalucía, se trasladó Belén Sárraga al abandonar Valencia. Allí formó junto a su marido, el republicano Emilio Ferrero Balaguer, la Federación Malagueña y el periódico Conciencia Libre que pasó a denominarse Pensamiento Libre. El objetivo común de los librepensadores era por un lado, instruir a las mujeres para conseguir la transformación de su papel tradicional dentro de la familia y, por el otro lado, fomentar el discurso anticlerical para alejarlas de la influencia de la iglesia. No fue hasta 1918, cuando las librepensadoras empezaron a introducir en su discurso las reivindicaciones de carácter político.