El Estado del bienestar en Suecia.


El Estado de bienestar sueco se ha caracterizado tradicionalmente por un alto nivel de protección social basado en los principios de cobertura universal y solidaridad, en un amplio sector público, una baja tasa de desempleo, una reglamentación del mercado de trabajo sobre la base de acuerdos colectivos y unas tasas de crecimiento relativamente elevadas.

Suecia se caracteriza por tener un Estado del bienestar institucional, el cual se define así mismo como un Estado obligado a proporcionar oportunidades iguales y a garantizar el empleo.

En Suecia la aplicación rigurosa de una política de solidaridad salarial durante las décadas pasadas ha excluido en buena medida un crecimiento de "puestos de trabajo de baja calidad", excepto quizás en la economia sumergida. La desindustrialización sueca acompañada de una tasa bastante mediocre de crecimiento económico habría creado bastantes problemas de empleo si no hubiera sido por el compromiso del Estado del bienestar para lograr tres principios conectados entre sí: 1) la mejora y la expansión de los servicios sociales, de salud y educativos; 2) una máxima participación en el empleo, sobre todo de las mujeres y 3) un pleno empleo sostenido. Los tres están unidos en el modelo de Estado del bienestar de la socialdemocracia.

La coincidencia del crecimiento del empleo femenino y de los servicios sociales en el sector público sueco, se debe a la expansión de los servicios del estado del bienestar de los años 60. Del lado de la oferta se proporcionan servicios, como las guarderías, que las mujeres necesitan para poder trabajar y que, además proporciona puestos de trabajo a las mujeres. Se proporciona también un horario de trabajo flexible y oportunidades de trabajar a tiempo parcial para las madres que trabajan. Además, las transferencias del Estado del bienestar ( sobre todo las pensiones) y los impuestos proporcionan incentivos Irresistibles para que las mujeres trabajen. Incluso un trabajo a tiempo parcial es suficiente para tener derecho a los ingresos por pensiones; los elevados tipos marginales de impuestos en los hogares significan que hacen falta dos sueldos para alcanzar un elevado nivel de vida.

Suecia ha producido una estructura de empleo post-industrial centrada en el bienestar social. Para mantener y ampliar el empleo del Estado del bienestar, el gobierno está obligado a pedir una moderación salarial entre los empleados públicos.

En 1980, mientras que el sector público en otros países de la OCDE empleaba a una media de un 20% de trabajadores, el sector público sueco empleaba un tercio de la población activa del país. Esto pone de reflejo el hecho de que la mayor parte de los servicios, como la enseñanza, la sanidad, y, en cierta medida, la vivienda, se encontraban en manos de organizaciones del sector público, en una posición prácticamente de monopolio.

En cuanto al paro, diversas son las medidas adoptadas por el Gobierno en respuesta a la crisis económica a fin de contribuir a una disminución del paro. La política de mercado de trabajo sueca se basa en el principio de activación que viene testimoniado por el hecho de que, en comparación con la mayoría de los países europeos, Suecia destina un amplio porcentaje a programas de activación del mercado de trabajo; en 1993/94, casi un 50% del gasto total en materia de política de mercado de trabajo se destinó a este tipo de programas, mientras que poco menos que el 50% se destinó a prestaciones en metálico.

Otra parte de las medidas de activación abarca diversos programas de mercado de trabajo: algunos programas proporcionan formación y otros ofrecen experiencia laboral a través de trabajos temporales y subvenciones de empleo. Se calcula que alrededor de un 5% de la población activa (en 1994 esto suponía unas 309.000 personas) participa en programas de mercado de trabajo.

El sistema de protección social se caracteriza por el pago de unas prestaciones bastantes generosas en comparación con las de otros países -aunque en los últimos años se han producido recortes en las mismas- y por el hecho de que, en general, no se investigan los ingresos de la persona. El sistema sueco de protección social resulta bastante costoso y en 1992 suponía un 40% del PIB, mientras que la media para los doce países integrantes de la UE en ese momento era de un 27,1%. Conviene señalar, no obstante, que son dos los factores que hacen que el sistema sueco parezca relativamente más caro: numerosos servicios, como por ejemplo la asistencia sanitaria dependen directamente de la administración pública y la mayoría de las transferencias y beneficios de los ingresos están sujetas al impuesto sobre la renta.

El régimen de seguridad social está financiado principalmente por las contribuciones de los trabajadores (un 55%). En este sentido, Suecia se aparta de otros países escandinavos, especialmente de Dinamarca, en el que las contribuciones de los trabajadores financian una proporción inferior de las cargas sociales.

Las prestaciones parentales y por maternidad están equiparadas con las prestaciones por enfermedad y la paga suplementaria a partir del tercer hijo ha desaparecido. Las prestaciones por maternidad se conceden a mujeres embarazadas que no pueden continuar con su trabajo; esta asignación puede abonarse por un máximo de 50 días en el transcurso de los dos últimos meses del embarazo.

Las prestaciones parentales sirven para compensar las pérdidas de ingresos relacionadas con el nacimiento de un hijo. Los padres tienen derecho a un permiso parental de hasta 450 días por hijo hasta la edad de 8 años y la madre puede empezar a hacer uso de esta asignación parental seis semanas antes de la fecha prevista para el nacimiento. De estos 450 días de permiso, 30 días son obligatoriamente para la madre y 30 para el padre, mientras que el resto de los días puede distribuirse indistintamente entre ambos cónyuges, según propias preferencias. Asimismo, existe una asignación general por hijo a cargo que asciende 640 coronas mensuales por cada hijo menor de 16 años residente en Suecia.

La participación laboral de la mujer sueca es elevada en comparación con la participación de la misma en otros Estados miembros de la UE: un 78%, frente a una media europea de un 57,3%, y aproximadamente la mitad de la población activa sueca, está constituida por mujeres. En Suecia, la tasa de desempleo para mujeres es inferior a la de los hombres; en 1997 era de un 10% para las mujeres y de 11,4% para los hombres, lo cual es sumamente curioso dado que, en la mayoría de los países europeos, las tasas de desempleo para mujeres son más elevadas que para los hombres. La tasa media de desempleo en abril de 1997 para las mujeres en la UE (15) era de un 12,5% mientras que para los hombres era de un 9,5%. En Suecia las mujeres trabajan por lo general a tiempo parcial (un 43% en 1995), mientras que en los demás Estados miembros la media es de un 31,3%.