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Orígenes de la escritura carolina



Alcuino de York presenta al obispo Ogtario de Maguncia su alumno Raban Mauro, a quien había dedicado su obra De laudibus sancta Crucis, en una miniatura del mismo manuscrito procedente de Fulda, 831-840. Viena, Österreichische, (Fuente: Historia Universal,vol. 3, Barcelona: Ed. Planeta, 1993)

Siguiendo la historia de la escritura latina, durante los siglos VIII y IX se produce un cambio notable respecto a las formas gráficas de los siglos anteriores. En los manuales de Paleografía se define el período situado entre estos siglos como de retorno a la unidad gráfica, después de un tiempo dominado por el particularismo gráfico, que en algunos manuales aparece citado como fragmentación de la escritura latina, escrituras nacionales o escrituras precarolinas.

Si nos situamos dentro del ambiente cultural propiciado por el Imperio Carolingio es lógico que se vea la escritura carolina como una renovación, tal como la considera Giorgio Cencetti (Lineamenti di Storia della Scrittura…1997, p. 151-152). Pero para llegar a esta conclusión ha sido preciso debatir la cuestión de los orígenes de esta escritura, comenzando con los estudios de Leopold Delisle en el último tercio del siglo XIX.

Interpretación del dibujo de la planta de la Abadía de San Gall, con indicacion del scriptorim al lado de la iglesia monacal. Realizado c. 820 en tinta roja sobre pergamino. San Gall, Biblioteca (Fuente: Historia Universal,vol. 3, Barcelona: Ed. Planeta, 1993)

Éste ubicaba en el scriptorium de San Martín de Tours la aparición de la carolina de la mano de Alcuino y sobre modelos semiunciales. Autores como Ignazio Giorgi y Vincenzo Federici, a finales del mismo siglo, situaron la creación de esta escritura en Roma y consideraron que su introducción en la corte carolingia se debió a la importación de códices desde esta ciudad en tiempos de Pipino y Carlomagno. Luigi Schiaparelli, Giorgio Cencetti y Giulio Battelli situaron el origen de la escritura carolina en el seno de un movimiento cultural más amplio, fruto del renacimiento carolingio.

Esta escritura sería el resultado de un proceso de estilización que partiría de formas preexistentes –escrituras precarolinas, procedentes en gran parte de la minúscula cursiva romana, de la uncial y de la semiuncial- desarrolladas en monasterios como Corbie y Tours, entre otros. Si se entiende como evolución de grafías anteriores, es lógica la afirmación de Cencetti de que estamos ante una renovación y un retorno a la unidad gráfica; y podemos comprender también el que Battelli califique este período como de reforma gráfica.


Miniatura del Monasterio de Tábara, con el scriptorium como espacio destacado dentro del edificio. AHN, Códices, ms. 1097B.

Dentro de la historia de la escritura latina, la minúscula carolina supone uno de los pasos más importantes ya que se trata del primer desarrollo sistemático de las minúsculas. Es pues un momento fundamental y hay que tener en cuenta que las modificaciones posteriores han sido de tipo práctico o impuestas por las modas, pero no estructurales.


Manuscrito en letra capital, uncial y carolina. c. 800. Zurich, Biblioteca Central C.1, f. 5. (Fuente: Paleografía y Diplomática, Madrid: UNED)